En México se vive una realidad devastadora. Desde 2007, fundamentalmente a raíz de la guerra contra el narcotráfico, se ha generado una ola de violencia que ha conducido a la desaparición de más de 300,000 personas en todo el país. De esta inaceptable cantidad, 21,763 han sido localizadas sin vida. La situación es tan grave que el gobierno implementó un programa de búsqueda con estadísticas y bases de datos de todas las personas desaparecidas. Esta información es pública y se utiliza como mecanismo de consulta y análisis por parte de familiares, activistas, periodistas e investigadores.
Este proyecto artístico busca, por un lado, crear un homenaje y un ritual para las víctimas y, por otro, contribuir a la denuncia social de esta inaceptable realidad. Para ello recurre a la mitología y la iconografía prehispánica, recuperando una tradición visual que otorga dignidad simbólica a quienes han perdido la vida. El Tzompantli era un altar en forma de bastidor donde se montaban, ante la vista pública, un conjunto de cráneos con el fin de honrar a los dioses. De acuerdo con estudios arqueológicos, se cree que el Tzompantli era considerado un culto a la vida y no una celebración de la muerte. Esta distinción resulta fundamental para comprender el sentido profundo del proyecto. La raíz proviene de las palabras nahuas "tzontli", que significa cabeza o cráneo, y "pantli", que es hilera o fila. Por lo que Tzompantli significa "hilera de cráneos". Existen muchos tzompantlis documentados en toda Mesoamérica, siendo el llamado Huey Tzompantli, con más de 650 cráneos, ubicado en la zona arqueológica del Templo Mayor en la Ciudad de México, el más grande encontrado hasta el momento.
Este proyecto artístico consiste en una instalación audiovisual en la que se presentan pequeñas imágenes de cráneos generados a partir de las fotografías de las personas que aparecen en la base de datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. De los 16,000 cráneos generados para este proyecto, 946 pueden ser presentados simultáneamente en una retícula digital que evoca la disposición de los antiguos altares. En cada espacio se exhibe un cráneo diferente y, después de cierto tiempo, se cambia por otro, generando un flujo continuo de rostros que impide la fijación en una sola imagen y enfatiza la magnitud de la tragedia. Para el diseño de este altar, se obtuvieron las imágenes y la información pública y, utilizando un sistema computacional, se generaron cráneos para cada una de ellas, con una estética similar a las ruinas que existen de los tzompantlis prehispánicos. Este proceso digital transforma el registro forense en un memorial estético que resignifica la ausencia.
Tecnológicamente hablando, la pieza es también un Tzompantli computacional, ya que fue construida con equipo obsoleto que se dio de baja de la universidad debido a la imposibilidad de actualización y su problemático mantenimiento. Esta decisión técnica no es casual: el uso de hardware desechado por el sistema educativo público opera como metáfora de una sociedad que también desecha a sus ciudadanos. La obsolescencia programada de las máquinas dialoga con la desaparición forzada de las personas.
Cada una de estas imágenes representa el poder del rostro y las historias de cada una de estas personas que, en su conjunto, dan identidad a una sociedad festiva que ama la vida y que rechaza enérgicamente la violencia que existe en el México contemporáneo. Frente a la invisibilización sistemática, esta instalación propone una resistencia simbólica: devolver el rostro a quienes han sido arrancados de la comunidad y recordar que detrás de cada estadística hay una vida, un nombre y una historia que merece ser contada.
Video
Créditos
Idea, programación, diseño, fabricación, sonido y documentación: Hugo Solís, con la colaboración de Luis Zhiwei Huang Alvarado.
Con el apoyo de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Lerma.
TouchDesigner y Python; cráneos generados con Stable Diffusion a partir de los retratos. Hardware: 22 computadoras Mac dadas de baja, un router en desuso y madera.






